Si llego a pedir una tónica.
Si hubiera sido menos gilipollas.
Si esa noche no me hace la cobra, y me besa, o me habla, o por lo menos me mira.
Si esos capullos de mi clase no me llegan a joder la vida.
Si un abrazo de mis viejos, aunque fuera alguna vez…

Quizá si hubiera vivido en otro barrio y tuviera colegas… no sé… rollo Boy Scouts o, por lo menos, tuviera colegas. Si no me dieran arcadas cada vez que me miraba al espejo, si hubiera sabido quién era, si alguien lo hubiera sabido. Si no llegan a tirarme de todos los colegios, o si al menos me hubieran molado esos colegios. Quién sabe, puede que una buena colega lo pillara, que lo hubiera visto venir, a lo mejor me habría cogido de la mano y me habría dicho lo mucho que me quería —¿puede que me amara?—  y lo poco que importaba que pesara más que los demás.

Porque yo era un «puto gordo», o eso decían todos: «Eres un puto gordo contagioso».

«¿Los kilos se contagian?», solía preguntarme con ocho años. No me atrevía a contárselo a mis viejos. Quizá si descubrían que era contagioso no me querrían venir a arropar. Y ya me arropaban muy pocas veces.

Si llego a pedir una tónica.

Hay veces que miro atrás y me pregunto cosas: ¿Qué habría pasado si…?, ¿podía haber evitado ser un jodido borracho? Empecé a beber durante la EGB, no recuerdo la edad que tenía pero sí que ya no paré. El alcohol hacía que me odiara menos, y me ayudaba a hablar con la peña, también con la chica que me gustaba. Era como si, al beber, me volviera flaco y dejara de pensar durante unas horas que, en realidad, era un «gordo contagioso».

Quizá si alguien me hubiera dicho que no existen los gordos, ni los flacos, ni los feos, ni los guapos, que eso son cosas que se inventa la gente para poder clasificarte.

Quizá.
Quizá.
O quizá no.

«Vive el presente, Manu», me dicen en terapia, «lo importante es el ahora». Ya sabes, «aquí y ahora». Y, sí, ya sé. Claro que lo sé, joder. Pero no sé cuál es la maldita forma de hacer eso. ¿Cómo puedo dejar de preguntarme qué hubiera pasado si no llego a beber esa primera copa? ¿O si alguien me hubiera dicho que era perfecto tal y como era? ¿O, incluso, si por lo menos, una sola persona hubiera visto que yo sufría?

Da igual.
Sí, «aquí y ahora».

Por eso, aquí y ahora, expreso, verbalizo, GRITO que miréis a vuestro alrededor, fijaos si hay alguien que sufre y necesita que lo veáis. Si alguno de vuestros amigos o familiares, en la soledad de su habitación adolescente, cree ser un monstruo. Miradlo y decidle que no existen los monstruos sino una sociedad que se defiende de todo aquel que no comprende. Una sociedad cobarde que no quiere mirar.

 

Texto: Manu
Imagen: Rabia Khan Alizai

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