Este texto nos lo envía Consol, una de las personas que forman parte del grupo de autoyuda que dirige María Aranzadi.

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¿Qué podría decir de los sentimientos, situaciones y estados de ánimo que experimentas cuando vives con un adicto en activo?

Hace tres años mi marido dejó de consumir gracias al tratamiento que recibió en un centro de desintoxicación. Recuerdo las primeras terapias a las que asistí, siempre decía cuando me preguntaban: “¿Yo? Muy bien, soy feliz dentro de lo que cabe, porque marido consume pero no me maltrata, no me pega…”.

Ahora, con la distancia, pienso que es normal que dijera estas frases: había normalizado una situación y una vida caótica, pero ¿había maltratos psicológicos? Al seguir asistiendo a las terapias te das cuenta que toda tu vida ha sido una montaña rusa, un torbellino de sensaciones ahogantes, estresantes, de angustias y dolores físicos provocados por el estrés y la desesperación. Tu mundo está lleno de mentiras, manipulaciones, miedos de enfrentarme a él, miedo a hablar.

Sentía vergüenza de mi marido cuando salíamos a cenar, a menudo ponía excusas para cancelar las citas. Poco a poco me iba autodestruyendo, me autoanulaba. Me creía una superwoman al pretender controlarlo todo, al intentar manejar sola las situaciones de crisis. Empecé a distanciarme de los amigos. Todo lo que hacía era para complacer a los demás. Ya no podía gobernar mi vida. Dejé de ser yo. A veces me sentía culpable de alargar esta agonía… ¿dónde estaba mi autoestima?¿verdaderamente era feliz y no pasaba nada?.

No quería ver la realidad. Para evitar la terrible ansiedad que sentía utilizaba un gran mecanismo de defensa: LA NEGACIÓN.

Fue en las terapias del centro donde me quitaron la venda de los ojos. ¡Cuál fue mi sorpresa al escuchar otros coadictos explicar situaciones similares a las mías, los mismos sentimientos, las mismas sensaciones y pensamientos! Hablaba muy poco en las terapias -porque mi marido estaba detrás y tenía miedo que se enfadara- pero durante el trayecto sola en coche tenía un único pensamiento: “¿dónde está tu dignidad?”.

Las terapias me hicieron aceptar que yo no era la superwoman que pensaba y que realmente estaba hecha un trapo. Así que me cogí de la mano de los terapeutas y empecé a andar.

En la actualidad asisto a un curso de inteligencia emocional.  El otro día nos propusieron el ejercicio de dibujar un animal con el que te sintieras identificado. Yo hice una crisálida a punto de convertirse en mariposa.  El significado, según los profesores, era que estaba naciendo de nuevo, empezando a vivir y a volar.

Hoy en día mi marido y yo nos levantamos a las 8h de la mañana, me prepara un café y nos lo tomamos en la mesa de la cocina mientras hablamos de lo que haremos durante el día. ES MARAVILLOSO que a nuestros 60 años podamos hacerlo.

Tengo que dar las gracias al Instituto Hipócrates , y en especial a la Fundación Maria Aranzadi. Gracias a vosotros he vuelto a nacer y ahora empiezo a volar.

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(Imagen: ••• Lil Psycho •••)

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