Este texto nos lo envía María José, una de las personas que forman parte del grupo de autoyuda que dirige María Aranzadi.

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Dejé a mi marido en el centro de rehabilitación un 10 de mayo de hace ya ocho meses. Después de tanto tiempo intentándolo, por fin se dio cuenta de que necesitaba ayuda. Lo triste es que para que llegara ese día, recorrimos un camino largo y duro. Un camino, en cuyo final tocamos fondo tanto el uno como el otro.

 

Los últimos cuatro años fueron muy difíciles. Sus adicciones fueron a peor. Cuántos llantos y discusiones caerían en saco roto e incluso servirían de pretexto para volver a beber. Cuántas veces me tragaría mi enfado y me llevaría a nuestros hijos para que no lo vieran mal.

 

Nosotros nunca habíamos estado en ningún centro anteriormente. La primera terapia que tuve fue con Dolors, terapeuta con mucho recorrido. Lo que más me impactó en aquella primera ocasión fue estar en una sala rodeada de personas que no conocía y aun así, me escuchaban y me entendían. Me sentí muy arropada por todo. Mi marido estaba a mi lado y por primera vez en muchos años me escuchó entre llantos y pude hablar con él de toda la angustia pasada, de cuando estaba activo. Lloramos los dos juntos.

 

Me enseñaron que yo también puedo estar mal y que les tendría a mi lado para ayudarme. Yo soy coadicta y no lo sabía. No sabía qué era eso. Mi vida ha estado enfocada a cuidar, rescatar y proteger a los demás. He perdido la autoestima, he necesitado la aprobación de los demás sin tener en cuenta mis propios sentimientos.

 

Me he sentido tanto tiempo en un abismo a punto de caerme… No sabía qué hacer, a quién pedir ayuda. Mi vida iba encaminada a un final triste. Ahora me encuentro mejor. Tengo mucha esperanza en que todo se arreglará gracias a los profesionales que tenemos en el Centro, que nos han marcado un camino a seguir tanto a mí como a mi marido. Él aún no ha vuelto a casa; sigue su tratamiento en Valencia. Y yo voy aprendiendo a ver la vida de otra forma y trabajando en mi coadicción. Me está ayudando mucho el ir a todas las terapias que puedo, el hablar y escuchar a otras personas que están pasando por algo similar, el ir comprendiendo un poco más mi enfermedad, el ver que puede haber una solución.

 

He encontrado unas palabras de Elisabeth Kubler-Ross que expresan lo que siento en este momento y que me dan un motivo más para seguir adelante:

 

“Las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, el sufrimiento, la lucha, la pérdida, y han encontrado su manera de salir de las profundidades. Estas personas tienen una apreciación, una sensibilidad y una comprensión de la vida que los llena de compasión, humildad y una profunda inquietud amorosa. La gente bella no surge de la nada”.

 

Sé que tenemos que tener paciencia, que nos queda un largo camino. Ahora que veo que él lucha por recuperarse, me encuentro más fuerte para estar a su lado. Creo en él, creo en mí y seguiremos luchando juntos, para conseguir ponernos bien y poder ser una familia junto a nuestros hijos.

 

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(Imagen: Ana Santos)

 

 

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