Ramón Bravo Moya es adicto recuperado. Ingresó en 2004 en el Instituto Hipócrates por policonsumo, entonces tenía 28 años. Después de ocho años desde el ingreso —y sin ninguna recaída— decidió dedicarse de forma profesional para aportar su experiencia en el campo de las adicciones. Hoy es Técnico y Experto en Conductas Adictivas y dirige Tibbon Centro Terapéutico, en Granada.

Oihan: Ramón, nos conocimos en el año 2007, yo ingresaba entonces en Hipócrates y tú eras el cocinero de la sala donde comíamos los pacientes. No sé si te dije nunca que te admiraba, me transmitías serenidad y confianza. Entonces yo te veía como un “veterano” modelo, pero… ¿quién eres hoy y a qué te dedicas?

Ramón: Siempre me resulta difícil hablar sobre mí, soy una persona que intenta vivir la vida según lo que transmite en una terapia. Soy sencillamente un DISFRUTÓN de la vida. Básicamente me dedico a asesorar a pacientes y sus familias y parejas. Asesorar sobre cuál puede ser la mejor manera de abordar la ayuda hacia el paciente y su entorno.

Todavía recuerdo el día que llegué al centro de desintoxicación, no sabía qué me esperaba allí, ni siquiera consideraba que tuviera un problema con las drogas. Cuando una persona con problemas de adicción acude a tu consulta, ¿qué le podéis ofrecer?

En una primera visita sobre todo escuchamos. Escuchamos al paciente, el cual suele ser —como dices— el que menos ve su problema, e intenta minimizar los estragos familiares, sociales y laborales de su adicción. Por otro lado, también escuchamos a sus familiares y pareja, que suelen tener una percepción muy distinta a la del paciente. Aunque somos un centro ambulatorio, en todos los casos, independientemente de cómo llegue el paciente, vamos a aconsejar que se haga ingreso con el posterior seguimiento por nuestra parte. Desgraciadamente, esto no se consigue en todos los casos así que, como segunda opción, el paciente comienza de manera ambulatoria, teniendo inmediatamente una visita médica y otra con nuestra psicóloga. A continuación pasa a la terapia grupal, que está dirigida por adictos recuperados. También se les ofrece tanto terapias deportivas como ayuda las 24 horas del día con un terapeuta de guardia. Nuestro tratamiento es muy flexible, tenemos en cuenta la realidad de cada persona.

A mí personalmente me costó identificarme como drogadicto, el estigma y el estereotipo me habían llevado a pensar que solo lo es aquel que acaba en la calle pidiendo para poder inyectarse. Me sorprendió encontrarme con personas de todo tipo, fue un golpe de realidad que me encantaría que percibiera la sociedad en general. ¿Con qué perfil de personas os encontráis?

Es curioso, la percepción social del adicto suele ser común: personas con baja autoestima que se escudan en el consumo por no saber afrontar la vida tal y como viene. Bien, no voy a decir que esta percepción sea equivocada, pero sí es incompleta. Hay tantos perfiles como pacientes, si bien es cierto que en casi todos los casos existen patrones comunes. Amas de casa, empresarios, farmacéuticos, abogados, currantes, estudiantes, ninis y un largo etcétera. Y de todas las edades, desde los 23 años hasta los 73. Donde, en la mayoría de casos, el consumo comenzó a edades tempranas y de una forma social. Eso sí, si llegan a un centro como el nuestro, suele ser porque ya han pasado por un periplo de psicólogos, psiquiatras y demás ayudas que en muchos casos no les han servido. No porque estos profesionales no lo sean, sino porque entre los patrones comunes de los que hablábamos antes, se encuentran sin duda la manipulación y la mentira, por lo cual el profesional ayuda en base a lo que el paciente le cuenta. Esto no quiere decir que en nuestro centro tengamos la máquina de la verdad, aunque sí es cierto que, al ser todos nuestros terapeutas adictos recuperados formados, y que el grueso del tratamiento se basa en terapias grupales, es mas difícil que el paciente con el tiempo pueda terminar manipulando.

Sí, lo cierto es que somos los reyes de la manipulación, solo hay que ver cómo llegan las familias, ¿qué le dirías a un familiar que tiene a alguien sufriendo por su adicción?

Qué difícil es esta pregunta, todo depende. Si el familiar esta dispuesto a hacer un tratamiento, les diría sin duda que tengan esperanza y paciencia puesto que en un gran tanto por ciento de los casos, el paciente sale adelante y los cambios que se producen en el tiempo, tanto propios como de los familiares y del entorno social, suelen ser espectaculares. En caso contrario, si no quieren ponerse en tratamiento, es mal asunto. Desgraciadamente si no se toman ciertas decisiones, la adicción del paciente se llevará por delante a todo su entorno y en este caso serán los familiares y parejas los que tengan que pedir ayuda para poder continuar con sus vidas.

A veces a la familia le cuesta entender qué es la adicción, todo lo que puede llegar a implicar y cómo debe abordarse. En este momento, en la comunidad científica, hay un debate interesante sobre si la adicción es una enfermedad cerebral o un trastorno mental. ¿Cuál es tu postura?

Somos el único centro ambulatorio privado de Andalucía dados de alta en la Consejería de Sanidad como Centro de Atención Sanitaria a Drogodependientes, esto quiere decir que, dentro de nuestro equipo, existe la figura de una doctora que trata según el CIE11, el cual recoge la adicción como enfermedad.

Ayer precisamente me escribió la madre de una chica pidiéndome consejo sobre cómo hacer para que su hija se pusiera en tratamiento. ¿Cómo lo harías tú? ¿Qué le dirías a alguien que no quiere afrontar su adicción?

Mal asunto amigo mío, los adictos tenemos muy pocas salidas:

  • Cárcel: no porque se delinca (que también), el mero hecho de conducir bajo los efectos de cualquier sustancia psicoactiva pueden hacer que se tenga un grave accidente y, sin duda, una de las consecuencias será la privación de la libertad.
  • Psiquiátrico: Y en el caso de que no haya disponibilidad, será la familia la que se tenga que hacer cargo de por vida de nosotros, teniendo en cuenta que no se sabe cómo va a reaccionar el órgano afectado (cerebro) a la próxima ingesta. Lo que sí está claro y demostrado es que el cerebro también tiene un límite pero no se sabe cuando se rebasa.
  • Puente/cajero: «Amigo mío ¿crees que la gente que malvive debajo de un puente o un cajero han nacido allí? Te aseguro que no. El 100% tienen familia, mínimo un padre y una madre, muchos de ellos han tenido una vida, con pareja, hijos, trabajo. Pues si, así también se termina».
  • Recuperación: Sin lugar a dudas la mejor de las opciones aunque la que más trabajo cuesta, tanto tomar como hacer, pero las consecuencias de esta decisión suelen ser increíblemente positivas.

A veces la familia tampoco entiende muy bien cómo debe actuar y por qué es importante que ellos hagan un proceso paralelo al del paciente. ¿Qué papel crees que tienen los familiares en el momento en el que el paciente acepta ponerse en tratamiento?

Es un papel muy importante, no tanto para la recuperación del paciente sino para la suya propia. Tenemos que tener en cuenta que muchos familiares y parejas llevan sufriendo la enfermedad del ser querido durante mucho tiempo. Esto suele generar un lazo emocional “enfermizo” que les afecta a ellos mismos. Por tanto, también tienen que aprender a vivir con esa realidad, y con el vacío con el que se encuentran en el momento en el que se recupera su ser querido. Complicado ¿verdad? Lo es, hemos de tener en cuenta que el paciente va a estar muy atendido con terapias diarias durante mucho tiempo, con su terapeuta, su psicóloga, su médico y sobre todo con su grupo de terapia. En cambio los familiares solo tienen una terapia semanal y no suelen recibir otro tipo de ayuda. Aunque es cierto que con el tiempo, y la mejoría del paciente, los familiares también mejoran, pero bajo mi punto de vista no es una mejoría ni suficiente ni completa porque se basa en el “yo estoy bien si él está bien”. Hay que aprender a estar bien por uno mismo y eso es lo que intentamos hacer desde el primer día con las familias y parejas del paciente adicto.

A mí, en algunas ocasiones, el tratar de apoyar a los pacientes adictos y a sus familiares, se me hace muy duro. Soy mejor detrás de una pantalla divulgando sobre el tema; mi madre, sin embargo, vive con verdadera pasión y entrega el proceso de acompañamiento, ¿por qué te dedicas tú a esto?

Empecé por casualidad, literalmente. Durante mis años de recuperación conseguí hacer una vida plena y volví a dedicarme a mi profesión durante bastantes años como cocinero. Al mismo tiempo que mi madre (adicta recuperada) se formo y abrió en Granada una unidad de seguimiento para pacientes del Instituto Hipócrates. Por casualidades y decisiones varias, comencé a echarle una mano y, bajo su tutela, me formé y fui dándome cuenta de que llegaba a casa como nunca había llegado: muy cansado (risas), es broma. Llegaba y sigo llegando contento y lleno.

Creo que puedo entenderte, es la misma satisfacción que veo en mi madre. Aunque a veces yo siento cierta frustración, nosotros vemos el final del camino (o el principio ¡según lo mires!), cuando ya solo queda la posibilidad de hacer un proceso de rehabilitación, pero yo me pregunto muchas veces si no hay alguna manera de actuar antes de que se desarrolle la adicción. ¿Qué opinas tú sobre la prevención?

Creo que cuanta más información real llegue, más se podrá evitar. No obstante creo que si se dan las distintas variables de consumo (sociales, ambientales, educativas, genéticas) siempre darán como resultado a un potencial adicto.

¿No te parece que cada vez se consume más? Quiero decir, que el tipo de sociedad en la que vivimos nos lleva a buscar distintas formas de evadirnos, no importa si es de forma comportamental (móvil, videojuegos, apuestas,…) o con sustancias. ¿Qué crees que le lleva a alguien a consumir de tal manera como para desarrollar una adicción?

Yo creo que generalizar siempre será un error así que si me lo permites te cuento mi caso. Siempre he sido un niño bien, de una familia con buena posición y que creo que no me ha faltado nada (un auténtico niño de papá). En casa el consumo estaba aceptado como una cosa normal, aunque siempre fuera de ella. Todas las celebraciones y fiestas se hacían en torno al consumo (alcohol). Creo que esto se aprende desde chiquitito. Como adolescente le perdí rápidamente el miedo a cualquier tipo de consumo, teniendo mi primer acercamiento a la cocaína con 14 años. Esto no significa que consumiera esa sustancia desde entonces, todavía tuvieron que pasar muchos años, pero ya apuntaba maneras. Me empecé a convertir en lo que hoy en día se conoce como un nini. Empecé a ir mal en los estudios y solo buscaba excusas para irme de fiesta. Mis padres decidieron ponerme a trabajar y el resultado en el tiempo fue el mismo: irresponsabilidad e inmadurez. A esto le sumamos que empecé a ser un rebelde sin causa justificada, echando la culpa de todo lo que hacía a los demás. Bueno no me enrollo más… ¿Cuándo desarrolle la adicción? Conociéndome como me conozco hoy, yo creo que ya nací así pero en caso de no ser así ¿qué más da? El caso es que como en cualquier otra enfermedad mi responsabilidad era ponerme en tratamiento y así lo hice, aunque no voluntariamente (risas).

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