Este texto nos lo envía Merce Torres Crespo.

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Cuando la madre de un adicto entra por primera vez a una terapia familiar, lo hace llena de miedo, tristeza e incertidumbre. No tenemos ni idea de lo que vamos a sentir en nuestro corazón.

Llegamos todos con historias desgarradoras, con los ojos hundidos de tantas lágrimas, de no dormir… y el corazón destrozado de sufrir. Estamos llenos de sentimientos encontrados que chocan entre ellos, sin poder reconocer dónde está el amor que sentimos una vez por esa persona. Esa que, cuando llegó al mundo, nos llenó de amor y de vida. Dos sentimientos que se perdieron por el camino.

Empezamos a contar nuestra historia y, en voz alta, reconocemos que ese hijo es el que más amamos en el mundo; pero a la vez, también, al que alguna vez no nos hubiera importado perder para siempre. Entonces resulta que esa historia no es solo tuya, es la de todos los que estamos allí.

Empezamos el proceso de curación. El suyo y el nuestro.

Como madre quiero compartir, de forma positiva, el aprendizaje que hemos adquirido durante este duro recorrido en el que hemos plantado cara a la enfermedad. Donde hay un chico valiente que no se rinde, ahí está la familia que lo acompaña siempre en su recuperación. Y, por supuesto, transmitir lo que semejante enfermedad nos ha ayudado a crecer en valores como la humildad, la comprensión, la buena actitud y la mayor de todas para encarar cualquier circunstancia: LA ACEPTACIÓN. Aceptar con mucho amor lo que la vida nos ha puesto delante, en este caso la enfermedad de adicción y la de coadicción, que es la mía.

Sí, se puede. Sí, se recupera. Sí, se vuelve a vivir.

Gracias a los papás y mamás que nos damos fuerza, gracias a mi familia que me arropa, Ramon y Eva Mª, mis pilares. Gracias al equipo Hipócrates, siempre estaré agradecida por devolvernos la esperanza en todos los momentos y circunstancias vividas.

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Imagen: Kathrin Honesta

 

2 comentarios

  • Carme Calviche

    Asi es, yo tambien formo parte de la maravillosa família de Hipocrates. Me devolvieron a mi amado hijo, dignificaron su enfermedad, destaparon su inmenso sufrimiento, le quitaron esa manta qu tanto pesaba “la culpabilidad”, me devolvieron a mi la esperanza, la vida….. però hoy x hoy para su desgràcia y para la mia, mi hijo lleva tiempo recaido y aunqu vuelvo a sentir inmenso dolor y tristeza lo vivo de diferente manera….. con la aceptación de qu no puedo hacer nada si él no quiere o ya no puede, aún asi, si lo acabo perdiendo, no sé qu vá a ser de mi. Ojalà volviera a querer ingresarse en Hipocrates.

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