Hoy os proponemos un sencillo ejercicio que puede ayudaros a identificar algunas de vuestras reacciones. Y quizá, incluso a ver su origen.

Primero leed con atención este texto:

«Cuando aún no hemos decidido enfrentarnos conscientemente con nuestros miedos interiores, una de las formas en que salen a la superficie es a través de la agresividad y exigencia de nuestros derechos. En lugar de sentir nuestro miedo lo enmascaramos actuando.
Para compensar el pánico que siente nuestro niño interior nos volvemos astutos, dirigimos nuestra energía hacia fuera para poder satisfacer de cualquier manera las necesidades del niño. Desde la niñez hemos desarrollado y perfeccionado todo tipo de estrategias para manipular, controlar, exigir o lo que sea que nos resulte más eficaz para conseguirlo. Todos tenemos diferentes formas de reacción y exigencia de nuestros derechos y de nosotros depende el descubrir íntimamente cuáles son esas formas.
Como cualquier niño que no consigue lo que quiere, también nosotros actuamos teniendo rabietas. Esa es la parte de la reacción, y lo hacemos con la sensación de que nos lo merecemos. Esa es la parte de la exigencia.
Nuestra reacción y nuestra exigencia están basadas en el miedo, centradas en la supervivencia: cargadas con la seguridad de que debemos actuar con urgencia para conseguir lo que necesitamos. Sin ello, no conseguiremos salir adelante. Nuestro niño aterrado vive en un caos mental de competencia y lucha porque nació en un tiempo en que el amor (como él lo necesitaba) escaseaba. Él está lleno de ira y perentoriedad: él quiere lo que quiere y lo quiere ahora. Él ve el exterior y reacciona como si estuviera mirando a través de los ojos de un niño desvalido y aterrado que debe satisfacer urgentemente sus necesidades. Así fue en el momento de nacer y, desgraciadamente, él aún siente y cree que el mundo es exactamente como era entonces». (Extracto del libro De la codependencia a la libertad, del Dr. Thomas Trobe).

Y ahora, si podéis, cerrad los ojos y pensad en alguna de vuestras reacciones de hoy o ayer, o que se hayan dado durante la última semana. Reacciones de ira, de súplica al otro, de lloros, o incluso de manipulación (esto siempre es más difícil verlo). Si os habéis situado en el momento, intentad mirar qué hay detrás de esa reacción. En mi caso, siempre está el miedo. En este texto trato de explicar lo que yo vi después de hacer este ejercicio.

Si conseguís ver algo, me encantaría que lo dejarais en las comentarios, aunque sea de forma anónima.

Gracias por seguir aquí.

6 comentarios

  • Xavi Garcia

    Buen texto Oihan (Insaciable).
    Valiente y veraz.
    Muchos podríamos sentirnos identificados con ello.
    Aunque resulta difícil identificarlo en el día a día sin mucho entrenamiento previo.
    Estamos en ello.
    La dependencia no es amor. Nosotros lo sabemos bien.
    Saludos,

  • K Lake

    Tras 90 días de abstinencia, aún sufro a diario de amargura y mal humor, como en cada intentona y ya son muchas, algunas de pocas semanas, otras de muchos meses. Y de malas noches, sueños que reflejan mi permanente estrés. No sé cuáles son mis miedos ni mis anhelos o intereses verdaderos, no los hallo por más que busco. Ni terapias, ni métodos, ni nada de nada ha funcionado en todos estos años. Infelicidad porque sí, no tengo otra respuesta.

  • Calanda

    Cierro los ojos y estoy ahí..hace unos días en la calle, acababa de despedirme de una persona muy querida que me dice que se va lejos sin billete de vuelta.
    Rabieta, llenar vacíos…hice una llamada que no debía haber hecho por como muy bien dices, contentar al niño aterrado que quiere lo que quiere y lo quiere ahora..
    Me pillé desprevenida, mi mente hizo un truco que no supe anticipar.. creía que iba a seguir limpia por siempre, una recaída estúpida e innecesaria es lo que acabó pasando.
    No siento lástima por mi, simplemente me alucina los laberintos que tenemos cada uno en la cabeza…

    • Oihan Iturbide
      Oihan Iturbide

      Cada rabieta nos permite aprender sobre nosotros mismos. La siguiente no te pillará desprevenida, ahora solo te queda abrazar al niño aterrado, decirle y decirte que podéis llenar el vacío sin drogas, y seguir adelante.
      Te mando un abrazo enorme.

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