«Hoy la prevención de daños todavía se considera una medida extrema. En algunos lugares sigue considerándose ilegal llevar una aguja limpia. Es mucho más probable que un adicto sea arrestado a que reciba una terapia de metadona… ¿Por qué seguimos atrapados en la idea de que la única opción es dejar de consumir? ¿Por qué ignoramos la cantidad de historias personales y la abrumadora evidencia científica de los beneficios de la reducción de daños?».

«Los detractores dicen que la reducción de daños no desalienta el consumo de drogas ilegales, sin embargo, esa es precisamente la cuestión: después de cada sanción penal y social que se nos pueda ocurrir, la gente sigue consumiendo y muriendo… Los críticos también dicen que es una manera de perder la confianza al no enfocar la atención en el tratamiento y la recuperación. De hecho es justo lo contrario, no perdemos la esperanza en las personas, sabemos que si existe una posible recuperación, debemos mantener a las personas con vida. Ofrecer a alguien una aguja limpia o un lugar seguro para inyectarse es el primer paso el tratamiento y la recuperación».

«El mensaje de la reducción de daños es que si bien las drogas pueden dañar, aún así debemos ayudar a las personas adictas… La metadona y los centros de inyección supervisada son estrategias compasivas para abordar el consumo de drogas que mejoran la salud, crean vínculos y reducen enormemente el sufrimiento y la muerte. Pero, ¿por qué no prosperan los programas de reducción de daños? ¿Por qué se sigue pensando que el problema del consumo de drogas es un problema relacionado con la aplicación de la ley?».

«Sentimos un profundo desdén por las drogas y por los consumidores. Nos bombardean con historias en los medios sobre el horrible efecto de las drogas, hemos estigmatizado a comunidades enteras, aplaudimos las operaciones militares que derrocan a los traficantes, y sin embargo, no nos perturba lo más mínimo el masivo encarcelamiento de personas cuyo único delito es consumir drogas. Millones de personas están atrapadas en un ciclo desesperanzador de encarcelamiento, violencia y pobreza creado por la legislación relacionada con las drogas, y no por las drogas en sí. ¿Cómo explicamos que los adictos merecen atención, apoyo, y la libertad de vivir sus propias vidas si todo lo que vemos son imágenes de pistolas, esposas y celdas?».

«Seamos claros, la criminalización es solo una manera de institucionalizar el estigma. Nuestra incapacidad para ver las cosas desde otra perspectiva se basa en una narrativa totalmente falsa sobre el consumo de drogas, nos han hecho creer que los consumidores son personas irresponsables que solo quieren drogarse, y que por culpa de sus propios errores terminan en la delincuencia y la pobreza, pierden el trabajo, la pareja, y finalmente la vida».

«Mientras los medios se centran en sobredosis de famosos, el sufrimiento mayor lo padecen quienes viven en la marginalidad. Ellos no votan, a menudo están solos, son los “restos” de la sociedad. Incluso en el ámbito de la atención sanitaria, el consumo está muy estigmatizado, de hecho, todo nuestra enfoque médico para tratar el consumo está al revés: empezar con la abstinencia es como pedirle a un asmático grave que empiece a correr maratones o a una persona deprimida que sea feliz de una vez».

«La mortalidad relacionada con las drogas es hoy la principal causa de muerte de hombres y mujeres de edades comprendidas entre 25 y 50 años en Norteamérica. ¿Cómo hemos llegado a este punto? La gente está literalmente envenenándose, ¿se imaginan si esta epidemia fuera a causa de otro tipo de envenenamiento? ¿Qué pasaría si miles de personas empezaran a morir por envenenamiento de carne, leche para bebés o café?».

Estos son distintas citas que he extraído de la charla que ofreció Mark Tyndall sobre las políticas de reducción de daños en el consumo de drogas. Tyndall es epidemiólogo, médico y experto en salud pública. Defensor de los programas de reducción de daños, estuvo al frente del primer centro de inyección supervisada de Norteamérica, INSITE, establecida en Vancouver en 2003. Desde entonces, los estudios han demostrado que este tipo de centros salvan vidas, reducen la transmisión de enfermedades y ayudan a que las personas puedan acceder a tratamientos de rehabilitación y otros servicios médicos. Tyndall es autor de más de 250 artículos académicos y ha recibido múltiples premios por su trabajo, actualmente es el Director del Centro de Control de Enfermedades de la British Columbia y profesor en la Escuela de Población y Salud Pública de la misma Universidad.

Os recomiendo que veáis su charla completa en el siguiente vídeo:

(Imagen: Patrycja Podkościelny)

2 comentarios

  • Manuel Castro Ouzal

    Están diseñados para no prosperar. Uno sale del negocio de la heroína y se mete en el de la metadona, que no proporciona tantos beneficioso, pero si una vida rica en dinero y en presencialismo laboral. En muchas ciudades no hay heroína, pero hay un centro dando metadona y al que diga que quiere dejarla es como al que decía que quería irse de un centro de pago, se hacía lo posible para que no se fuera independientemente de que conviniese o no, pues era un negocio, la metadona también. En algunos lugares, avisan de los análisis de orina, que hace los enfermos, llevar la de sus hijos o de otra persona calentada con microondas. Esto se acabará cuando en los CAD hagan las pruebas como la DGT, con un chupa de esos, pero no interesa, pues se darían cuenta de que la mayoría toma la heroína o cocaína a la vez que metadona, por eso se mueren de sobredosis, no por la droga, sino por el estupefaciente sustitutivo y por la presencia de fentanilo y falta de personal que informe y atienda esa clase de problemas. Es un asunto de Estado.

  • Xavi Garcia

    Estoy muy de acuerdo con alguna de las citas y muy en desacuerdo con otras.
    Creo que tiene toda la razón al señalar que la criminalización del adicto y del consumidor no conduce a nada además de que es injusta.
    Pero también creo que muchos programas de reducción de daños alargan las trayectorias de consumo de muchos adictos (como pasó en mi caso), y que poner la abstinencia como primer objectivo no es pedirle a un asmático que corra una maratón… es más bien como pedirle a un asmático que deje de fumar.
    No estoy seguro de que la reducción de daños salve vidas, más bien la entiendo como un tratamiento paliativo cuando ya no se puede aspirar a una vida plena.
    Creo firmemente que habría que hilar mucho más fino para aplicar esas políticas exclusivamente a esas personas que ya no tengan posibilidad de recuperarse.

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