Ayer fui a la radio, era mi primera experiencia en una emisora y dentro del pecho sentía como si tuviera un erizo a punto de explotar  (uno deja de consumir pero la maldita ansiedad ¡no se va!). Me acompañó mi madre y al llegar nos estuvimos haciendo fotos en plan postureo adolescente gili. Era para vernos, el técnico nos miraba de reojo atónito… “¿seguro que esta ha dejado de tomar?”, estaría pensando. Lo que fuera para eliminar los nervios. Me avisaron de que me pusiera los cascos que íbamos a empezar y respiré hondo para reducir la angustia.

–¿Oihan?, ¿estás ahí?… 3, 2, 1… DENTRO.

Y hasta el fondo que entré. La presentación fue un repaso de mi vida antes de entrar en desintoxicación. Iba oyendo hablar al locutor mientras sentía esa vergüenza ajena del que se desnuda por primera vez frente a la persona que le gusta… ¡Ese hombre lo sabía todo de mí! Efectos colaterales de mi actividad en la red, imagino. Eso es algo con lo que no contaba demasiado ¿sabéis? Resulta que uno escribe un blog y, es verdad, sabe que lo lee mucha gente, pero esa gente no puede ir más allá de la familia, amigos, amigos de amigos y personas que sufren a causa de lo mismo. Luego se planta un periodista como Ángel Expósito, te cuenta tu vida y te quedas como… ¡AGÜITA, esto se me va de las manos!

En fin, que siempre me pasa lo mismo: miedo, nervios, vergüenza… y finalmente cierta satisfacción y compensación al ver que hay personas que están sufriendo a las que les sirve el testimonio.

No me enrollo más, a quien le apetezca oírla, aquí la tiene.

Oihana Iturbide en La Cope

 

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3 comentarios

  • Totti

    Hola Oihana,

    Acabo de hacer 30 años y por muy sorprendente que parezca, jamás en mi vida he intervenido en un blog o algo similar. Por primera vez siento el impulso de hacerlo y de contarte y compartir con todas las personas que te siguen algo de ti que guardo con mucho cariño y que, de otra manera, no tendría ocasión de hacer (aunque este medio no este pensado para ello)

    Pudimos conocernos de manera fortuita hará menos de un año. Yo estaba trabajando cuando alguien con carácter simpático y alocado (jeje), “irrumpió” en mi oficina en busca de auxilio para poder preparar la proyección de una presentación que ibas a hacer tu, la presentación “The Art of Transforming Science”. ¡FELICIDADES POR ESE GRAN ÉXITO!

    El caso es que al día siguiente te acercaste a mi oficina y viniste a traerme una caja de bombones (tu no lo sabías ¡¡¡pero los Ferrero Rocher son los que más me gustan!!) en señal de agradecimiento por esa ayuda que, para mí, es como el pan nuestro de cada día! Me quedé tan impactada que hoy es el día en que sigo recordando ese gesto con tanto cariño y admiración que cuando tengo que poner ejemplos de personas que me han marcado por algo, entre otras me acuerdo de ti! (¡¡¡y no nos conocemos más que de eso, de 5 minutos!!!) Un pequeño gesto que enciende una nueva bombilla en el cerebro de las que nunca se apagan.

    Esas bombillas son las que nos dan ejemplo, nos motivan, nos enseñan, nos refuerzan y nos impulsan a luchar por superar nuestras limitaciones particulares (esas limitaciones que TODA LA HUMANIDAD tenemos, porque no nos salvamos ninguno)

    Por eso te doy las GRACIAS, desde mi profunda admiración, porque aunque fue brevísimo nuestro encuentro, conseguiste dejarme una marca de las buenas y te quiero mandar a ti y a todas las personas que me lean (y las que no, claro) todo mi apoyo y mi ánimo, para siempre, en esta lucha!

    Un abrazo!!

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