(Ana, he elegido esta obra de Marina Anaya porque transmite muy bien lo que quiero para ti, ojalá encuentres alivio pronto. Gracias por la valentía de escribir y mandarnos este texto por email).

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Me llamo Ana y soy adicta. Ya me he acostumbrado. No lo suelo usar como carta de presentación pero sé que esa palabra siempre me acompañará. Llevo 20 años a tu lado. Sin separarnos ni un solo día. Síndrome de abstinencia, consumo, resaca, y vuelta a empezar. Has sido el único amor de mi vida. Por lo que vivía, por lo que luchaba, por lo que sentía. La droga. La maldita droga. Empecé a consumir con 14 años, alcohol, porros, y finalmente cocaína. Llevo seis tratamientos y esto se me hace cada vez más difícil, el túnel se estrecha más, la superficie está más lejos, y me ahogas. Cada recaída es peor que la anterior. Perdida absoluta del control. Ya no puedo más, se que solo me quedan dos caminos, morirme o recuperarme. Y la verdad, no me apetece mucho morirme. Aunque tantas veces haya pensado que sería lo mejor. Lo he perdido todo, a mi hija, a mi familia, a mis amigos, no me queda nada. He estado en la calle, he ejercido la prostitución… Todo por y para ti, para seguir en esa vorágine infernal del consumo. Me quitaron a mi hija, llegue a pegarle a mi madre, robos, detenciones… ¿Pero que esperáis? No es ni más ni menos que la vida de un adicto en activo. No muy diferente que la de cualquier otro. Me han dejado todas mis parejas, todas por tu culpa. Estoy sola y es por ti, querida amiga. Me siento rota, me siento vacía, me siento esclava. Ya no me quedan fuerzas, tantos años de lucha. Y mi familia, que no paró de luchar a mi lado hasta que después de múltiples recaídas la situación se hizo insostenible. Las locuras, los delitos, mi carácter de mierda. Decidió apartarse y cerrarme todas las puertas. Y los entiendo. Me da una pena que me rompe el alma pensar en todo lo que ha pasado mi madre. Y mi hija, una niña inocente que no ha tenido madre. Porque prefería estar por ahí contigo en vez de estar cuidándola. Chavales, yo me lo pensaría dos veces antes de probar. Porque un día estas probando y al día siguiente estas prostituyéndote o en los calabozos, con la vida destrozada. Esto es una mínima parte de lo que os espera si jugáis con ella.

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(Imagen: Marina Anaya)

Un comentario

  • Juan Antonio Díaz

    Yo soy también, adicto, tu relato es muy duro, como el de cualquier adicto en activo.
    Pienso que al final , el adicto se tiene que hacer amigo de esta enfermedad, tan dura y cruel. Así no molestará nunca más.

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