¿Cómo definirías la adicción?

La adicción es una enfermedad que consiste en la pérdida de control sobre el uso de sustancias psicoactivas, la aparición de un síndrome de abstinencia que provoca el uso de la sustancia a pesar de sus consecuencias negativas, y la construcción de mecanismos psicológicos encaminados hacia la defensa y justificación del consumo como pueden ser la negación o la minimización.

 

¿Qué factores causan la adicción?

Para que se genere una adicción solo hay un factor absolutamente necesario, y es que exista el consumo de una droga. A partir de ahí, es imposible determinar con exactitud si una persona se convertirá en adicta a su primer consumo, al cabo de cien consumos, o tal vez nunca desarrolle la adicción. Lo que sí que es cierto es que hay una serie de factores que aceleran la aparición de la adicción, es decir, que aumentan las probabilidades de un individuo de desarrollarla.

Estos factores son los fisiológicos (antecedentes genéticos), los psicológicos (tipos de carácter, trastornos psicológicos asociados, etc.), y los ambientales (normalización o no del consumo en nuestro entorno). También hay un factor muy importante a tener en cuenta que es la precocidad en el consumo.

 

¿Cuál crees que es la diferencia entre una persona que consume o bebe en exceso y un adicto?

Es una diferencia muy sutil y, en ocasiones, lo único que los diferencia es que exista un diagnóstico profesional.

Una persona un día puede beber en exceso, incluso puede ser que le haya sucedido ocasionalmente. Pero alguien que bebe en exceso habitualmente, aunque no lo reconozca, seguramente ya es una persona adicta, porque de hecho ya estaría cumpliendo algunos de los requisitos de la definición, por ejemplo el consumo a pesar de las consecuencias adversas.

 

¿Qué dirías que necesita, por encima de todo, un adicto?

Un adicto en activo siente la necesidad irrefrenable de consumir, porque si no consume esa necesidad va creciendo en su cabeza hasta que no deja sitio para nada más.

Así es como lo siente la persona adicta, aunque lo que en realidad necesita es empezar un tratamiento.

 

¿Qué tres cosas recomendarías hacer y no hacer en el caso de que tengamos un familiar o conocido adicto?

Si tenemos un familiar o conocido adicto deberíamos:

–          Buscar asesoramiento profesional

–          Explicarlo e involucrar a los otros familiares o conocidos de la persona adicta.

–          Hablarlo abiertamente con la persona y ofrecerle ayuda.

Si tenemos un familiar o conocido adicto no deberíamos:

–          Esconder el problema, negarlo o minimizarlo.

–          Dar cobertura (dinero, cobijo, ayudas) a la persona adicta para que continúe en sus dinámicas de consumo.

–          Culpabilizar a la persona adicta.

 

¿Qué crees que suponen los estigmas para la vida de un adicto?

El peor estigma que debe afrontar hoy en día una persona adicta es el que proviene de no reconocer la adicción como una enfermedad. Por desgracia, nuestro entorno social actual todavía considera a la persona adicta como alguien sin fuerza de voluntad, alguien débil de carácter, o incluso alguien vicioso, en lugar de entender que se trata de una persona enferma.

Eso provoca que la persona adicta tenga una imagen muy dañada de sí misma, e incluso favorece el hecho de que esconda y no reconozca su enfermedad.

 

¿En qué aspectos consideras que se quedan cortos los tratamientos para tratar las adicciones? 

Hay muchos tratamientos para la adicción que, en mi opinión, se quedan cortos en aspectos como la duración (un tratamiento completo debería durar como mínimo dos años, y generalmente más), la intensidad (los primeros meses la persona debería asistir a terapia diariamente), o la exigencia (las pautas deben ser muy estrictas al principio para asegurar un cambio en la mentalidad de la persona). Por no hablar de los tratamientos que no incluyen todas las drogas en el mismo saco (incluido alcohol), y que permiten a sus pacientes consumir otras drogas aparentemente “menos problemáticas”, conduciéndolos hacia dinámicas de sustitución y recaída.

 

¿Crees que la ciencia será capaz de curar las adicciones en el futuro?

Supongo que sí, con la ciencia todo es posible. Pero una sanación correcta debería incluir muchos aspectos psicológicos, de gestión emocional y de crecimiento personal que incluye un buen tratamiento, no solamente conformarse con la parte biológica de la adicción.

 

¿Qué te ha dado y qué te ha quitado el contacto directo o indirecto con las drogas?

El contacto con las drogas durante una gran parte de mi juventud me llevó a perder la motivación para vivir, la capacidad para construir un proyecto de vida e incluso la dignidad. Perdí muchas oportunidades y dejé pasar momentos irrepetibles por estar más pendiente del consumo que de otra cosa.

También es cierto que, en mi caso, tener esa experiencia me terminó llevando hasta un tratamiento que me permitió reconstruirme como persona, crecer, aprender decidir quien quería ser y finalmente reinventarme como terapeuta y educador social, pudiendo realizar una labor de ayuda hacia los demás enfermos.

 

¿Qué interés tiene para el abordaje de la adicción y coadicción el contacto con otros pacientes o familiares?

Para el tratamiento de la adicción y la coadicción el método que mejor funciona es la terapia de grupo. El motivo es que al ser enfermedades con un componente psicológico importante de autoengaño, justificación o minimización, uno mismo no puede juzgar sus progresos, sino que debe dejar que sean los compañeros quienes lo hagan.

Además, el hecho de pertenecer a un grupo de personas que han pasado por situaciones muy parecidas a las del paciente, hace que este pueda gestionar mejor el sentimiento de culpa y que entienda mejor cómo funciona la enfermedad, al verse reflejado en los demás.

 

¿Qué le pedirías a una fundación como la nuestra?

Comparto personalmente el objetivo de la fundación de combatir el estigma que persigue a la adicción en nuestra sociedad.

Además, yo creo que un buen objetivo para una fundación de este tipo podría ser el de acercar los tratamientos de calidad a las personas con menos recursos, o incluso intentar que la sanidad pública adoptara modelos de tratamiento más efectivos.

 

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