«Se supone que todo es opcional. Se le puede llamar enfermedad a todo si se quiere, sin embargo, hay cosas como las drogas, el alcohol, el juego o el sexo que la gente lo hace porque quiere. A nadie se le obliga a hacer esas cosas. Las enfermedades son otras que todos conocemos. Esa es mi opinión».

Hace unos días recibimos este mensaje y he decidido contestarlo de forma general porque es una opinión muy extendida que creo que es necesario aclarar.

Consumir drogas, incluido el alcohol, apostar o mantener relaciones sexuales son actividades que en principio hacemos con plena libertad. Por supuesto, es nuestra elección llevarlas a cabo. No obstante, algunas personas terminan desarrollando una adicción. Si nos centramos en las drogas (incluyo siempre el alcohol) podríamos pensar que es la falta de voluntad la que hace que uno consuma pasando por encima de todo y de todos. Pero, ¿por qué los adictos son capaces de consumir hasta perder la vida? ¿Acaso quieren morir? ¿No tienen suficiente voluntad como para querer vivir?

La premisa es absurda, consumir hasta morir solo tiene una explicación: que se ha perdido todo control sobre uno mismo, ya no hay capacidad de decidir. Y a eso es a lo que se le llama enfermedad o trastorno. Actualmente hay varias definiciones del fenómeno de la adicción en función del modelo que la aborda.

Según el modelo de enfermedad cerebral, la Asociación Americana de Medicina de la Adicción (ASAM), la define como una enfermedad cerebral primaria y crónica de los circuitos de recompensa, motivación, memoria y otros relacionados, cuya disfunción conduce a manifestaciones biológicas, psicológicas, sociales y espirituales, y que se reflejan en una búsqueda continua y patológica de recompensa y/o alivio mediante el consumo de sustancias y otros comportamientos.

Por otro lado, el modelo biopsicosocial propuesto por Engel (1977), un especialista en medicina interna con formación psicoterapéutica, considera que los factores biológicos, psicológicos y sociales juegan un papel importante en el funcionamiento humano en el contexto de la enfermedad o la percepción de la enfermedad. Con ese enfoque, Engel cambiaba el foco de interés de la enfermedad al individuo enfermo. El modelo biopsicosocial de la adicción afirma que los factores genético/biológicos, psicológicos y socioculturales contribuyen al consumo de sustancias y deben ser tenidos en cuenta para la prevención y el tratamiento de las mismas (Becoña, 2002; Skewes y Gonzalez, 2013).

En este momento histórico en el que la adicción se está convirtiendo en una verdadera epidemia, ambos modelos tratan de explicar sus causas con el objetivo de crear programas o fármacos capaces de actuar en la prevención y/o en el tratamiento. Es ya incuestionable que la adicción es una enfermedad, y que el individuo adicto va a necesitar ayuda para recuperar su salud. La divulgación de esta realidad es más necesaria que nunca, así como la investigación rigurosa capaz de aportarnos conocimiento no mediatizado por los distintos intereses de la industria. Ahora, más que nunca, debemos ser capaces de transmitir la idea de que la persona que ha desarrollado una dependencia a las drogas no es un individuo amoral incapaz de controlarse sino una persona que por sus diferentes circunstancias biológicas, psicológicas y ambientales, ha desarrollado una dependencia feroz capaz de acabar con su vida y con el bienestar de las personas que la rodean.

Imagen: Xuan Loc Xuan

2 comentarios

  • Víctor Regueira

    Lo que enferma en el adicto es la elaboración de pensamientos. Elaboramos pensamientos patológicos, unos pensamientos obsesivos con el consumo. Y como quiera que todos los humanos actuamos como previamente hemos pensado, yo me pregunto ¿es voluntario el consumo de una persona cuyo cerebro tiene de base el pensamiento de consumir?. Me respondo: de ninguna manera.
    E inmediatamente surge otra pregunta: ¿porqué piensa el cerebro de un adicto en consumir?. Pues porque cree que necesita la droga para sobrevivir, esta disfunción en el pensamiento es la patología en si misma.
    Víctor Regueira.

Deja un comentario