Este texto nos lo envía Rosa Mari, una de las personas que forman parte del grupo de autoyuda que dirige María Aranzadi.

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Llegó un día en mi vida en el que me dijeron: «Eres coadicta». Me quedé blanca, no lograba entender nada.

Lo único que yo sabía fue lo que descubrí tres meses antes: que tenía un hijo cocainómano. Así me lo dijo él mismo un día en un estado deplorable: abandonado, hundido, encerrado en un piso a oscuras, pidiéndome que me marchara.

Al día siguiente, vía WhatsApp me pidió que lo llevara a un psicólogo o psiquiatra porque ya no podía soportar más la ansiedad.

Y eso es lo que hicimos. Lo ayudamos ingresándolo en un centro de desintoxicación. El mismo lugar donde me diagnosticaron mi coadicción, la de mi marido y la de su hermana, que tampoco se libró.

Ahora, después de ocho meses, estamos tranquilos viendo a nuestro hijo “sereno” de nuevo. Hay momentos en los que echamos la vista atrás y somos capaces de ver situaciones que en su día nos parecían normales y que hoy entendemos que no cuadraban con la manera de ser de un adolescente común. Y es que durante todo este tiempo hemos descubierto que llevaba muchos años consumiendo, pero nosotros no nos dimos cuenta. Lo excusábamos con frases como esta: «Es un hijo con buen corazón pero rebelde de nacimiento».

Empezó con el tabaco a los catorce años. Le avisamos, le dijimos que no era bueno para la salud. Siguió con el alcohol, y pudimos presenciar algún episodio complicado, pero del resto ni enterarnos. Su abuelo tuvo influencia en él, sentía una gran devoción y un afecto que no mostraba por nosotros.

Ahora somos conscientes de la cantidad de desprecios que sufrimos. El más notable y doloroso, era el poco afecto que sentía hacia nosotros. Para él solo éramos una tabla de salvación. A todos los niveles: médico, económico, de vivienda… a veces, incluso, para alimentarse. Siempre venía envuelto en mentiras, mentiras que nos creíamos y nos parecían razonables.

Hoy con la coadicción diagnostica y aceptada, nos toca sanarnos. Para ello contamos con un grupo de personas profesionales y especializadas en este tema, que no recetan fármacos sino que nos prestan su apoyo. Una atención personalizada para que podamos aprender a regular nuestras emociones, compartir nuestras inquietudes, resolver tantas preguntas sin respuestas y aliviar un poco la pena que sentimos. Una tristeza que se fue generando al pensar que había perdido ese amor incondicional de madre. Que había llegado un momento en el que solo era capaz de despreciar, de odiar… ¿Por qué se había vuelto tan mala persona con nosotros? ¿Cómo era capaz de hacernos esto? Tenía que haber algún problema psicológico, un trastorno de personalidad, algo… ¿Qué podíamos hacer para curarlo?

Le daba tantas vueltas a la cabeza que terminaba agotada, no podía prestar atención a los temas cotidianos, ni al trabajo, no podía dormir… Pero hasta aquí, hoy por fin todo es distinto.

El presente nos trae una carta de colores diferente. Veo el sol, veo a mi marido ilusionado con todos los avances que hacen nuestros hijos, veo a su hermana encariñada con su hermano; y yo, aunque siga siendo coadicta, por fin soy capaz de sentir el amor verdadero de una madre que ahora tiene herramientas para no andar sola.

8 comentarios

  • Manuela ramos cabrera

    Abuelos días,, adiestramiento momento vida Condiciones,,,, te doy las gracias x tus hermosas palabras,,,,, te la una adicta en rehabilitación desde hace 11 meses,,, somos enfermos me emociono hemos hecho tanto mal pero no eramos nosotros era nuestra adicción,, besos señora,,,firmado manuela…..

  • Victor

    Los testimonios vertidos aquí ayudan a mucha gente, que estando pasando por lo mismo, no saben ponerle nombre a lo que les sucede.
    Gracias María, gracias Ohiana.

  • Mari carmen

    Hola me llamo Mari Carmen creo que soy coadicta desde que tengo uso de razon primero con mi padre y desdes hace tres años que le diagnosticaron a mi hijo la enfermedad lucho a diario con la mia he echo grandes avances he aprendido bastantes cosas evoluciono a un nivel mucho mas bajo que mi hijo me siento muy orgullosa de el tambien en este camino tan doloro voy perdonando a mi padre porque soy cosiente de lo enfermo que estaba es gracioso verdad su nieto a hecho dos trabajos el suyo y el de su abuelo gracias hijo .Sola todavia no voy pero trabajo duro pero el otro dia al leer el articulo llore llore mucho

    • Oihan Iturbide
      Oihan Iturbide

      Mari Carmen, tu mensaje me ha emocionado. Eres muy valiente, afrontar y comprender el pasado mediante lo que se vive en el presente es una verdadera hazaña. No sabes lo que te agradezco el comentario. Desde aquí te enviamos un abrazo enorme y mucho ánimo y fuerza.

  • Mari carmen

    Hola nuevamente te quiero comentar algo.Ayer mi hijo me dijo que no podría volver a casa que eramos tóxico para el y claro yo me siento fatal ,pero se que es verdad .El presente te explica el pasado ,todo cuanto ahora sabes lo perjudicial que podemos hacer crecer a los hijos los propios padres en nuestras propias guerras que puedo hacer para que mi cabeza pare ayudame

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